
La demencia en medicina no es sinónimo de locura. Se trata de
un proceso de disminución progresiva de las funciones intelectuales
de la persona, que pierde su capacidad de memorizar, razonar, decidir,
escoger y actuar.

El mal de Alzheimer es una enfermedad que se caracteriza principalmente
por la aparición de síntomas que evolucionan a lo largo
de los años, siendo la perdida de memoria y de otras funciones
intelectuales lo más llamativo.
Se trata de una enfermedad degenerativa de las células cerebrales,
las neuronas, de carácter progresivo y de origen hasta hoy desconocido.
Inicialmente se produce pérdida de memoria, y desorientación
temporal espacial. En una segunda fase el enfermo pierde fluidez en el
lenguaje, tiene dificultades para vestirse y necesita ayuda constante
para realizar actividades cotidianas. En la fase avanzada la incapacidad
es profunda y no se puede valer por sí solo. Su personalidad experimenta
alteraciones irreversibles, deja de hablar, no reconoce a sus allegados
y presenta incontinencia urinaria y fecal. Asimismo, aumenta la rigidez
muscular, de manera que va quedando progresivamente recluido a una silla
de ruedas y después a la cama. Además, aparecen otras complicaciones
como ansiedad, angustia, agresividad o depresión.
Se sabe que la enfermedad es más común en edades avanzadas, pero se desconocen los factores desencadenantes de los cambios característicos que se producen en el tejido cerebral de quienes la padecen. Se sabe que estos cambios cerebrales están asociados al envejecimiento, pero también que no son parte del proceso normal de envejecimiento. En algunos casos, estos cambios se producen a una edad relativamente temprana. Aunque se cree que la genética puede jugar un papel, son raros los casos en los que una anormalidad genética es causa de la enfermedad. Lo que está claro es que la enfermedad de Alzheimer no es infecciosa y que no está causada por mucho o poco uso del cerebro.
Aunque a veces la enfermedad se manifiesta tras un periodo de estrés
o preocupación, no se cree que estos estados emocionales sean su
origen. Tampoco se cree que un traumatismo o una operación puedan
desencadenarla. En ocasiones se ha dicho que la dieta o que algunas deficiencias
hormonales pueden contribuir a su desarrollo, pero la mayoría de
los especialistas no aceptan esta propuesta, como tampoco se acepta la
idea de que el aluminio en la dieta puede tener algo que ver.



Una destrucción del tejido cerebral superior a 100 ml determina
y a la aparición de la demencia. Algunas lesiones estratégicamente
colocadas en el cerebro pueden producir demencia sin una pérdida
de masa cerebral tan importante, al lesionar centros críticos para
la inteligencia.
Por ejemplo, una pequeña lesión en la zona denominada tálamo
puede condicionar un deterioro intelectivo grave. Es lo que denomina “demencia
talámica”.
Se considera que entre un 5 y un 10 por ciento de la población
mayor de 65 años y el 25 por ciento o más de las personas
mayores de 80 años presentan una demencia.
La enfermedad de Alzheimer es el tipo de demencia más frecuente
y convivir con un paciente este mal es una prueba dura para cualquiera.
La evolución de la enfermedad puede oscilar entre tres y quince
años, pero el final es siempre el mismo: incapacidad y dependencia
absoluta.
En general, un enfermo de este tipo exige vigilancia continua, ya que su mente es como la de un niño inconsciente y puede realizar actividades peligrosas. Los familiares que están a cargo del enfermo deben organizarse, armarse de paciencia y dedicar un tiempo al descanso. especializado.